lunes, 30 de diciembre de 2013
domingo, 29 de diciembre de 2013
Que treinta años no es nada...
Que treinta años no es nada...
Los individuos del género homo sapiens nos pasamos la mayor
parte del día ocupados en cosas muy por
debajo de lo que nuestra inteligencia
nos permite. Esta sub-utilización de nuestras capacidades intelectuales es probablemente la explicación última de las más notorias iniciativas del Sr.
Ministro de Justicia y del Sr.
Ministro del Interior del decimo gobierno de la España democrática.
Indudablemente el cerebro humano en un órgano avaricioso,
que se pasa toda la existencia tratando de ahorrar energía cognitiva y realizando
sus tareas con el mínimo esfuerzo. Esta pereza estructural podría ser la explicación
última, por la que los españoles de derecha
llevan más de 30 años prisioneros del PP y los españoles de izquierda prisioneros del PSOE. La consecuencia de esto,
es que, si un votante está descontento con los suyos, no le queda más remedio,
que aguantarse, o dejar que ganen los otros.
Por otra parte, la vida cotidiana de los adultos se
sustancia día a día en sucesivas representaciones teatrales dedicadas a dar apariencias e impresiones de
verosimilitud a los diferentes roles que
nos toca representar en la vida social. Una vez aprendidos los roles y las máscaras
expresivas a usar durante la infancia y la adolescencia, la edad adulta se
caracteriza por la capacidad de representar actuaciones convincentes ante la
sociedad. La vida como actores es muy barata en términos cognitivos y coadyuva a la cotidiana sub-utilización de nuestras
capacidades intelectuales. Un ejemplo muy popular de eficiente ahorrador cognitivo y actor convincente lo tuvimos en Felipe González.
El lenguaje es el medio general de influencia reciproca entre los humanos.
Pero igual que el cerebro es avaro y su herramienta de ahorro esencial es la metáfora.
La esencia de la metáfora es entender una cosa en términos de otra. El ahorro
es conceptual, y se produce porque entendemos las palabras más intelectuales ,
como por ejemplo la inflación en términos de conceptos más simples y humanoides. Y, así ,decimos ;"la inflación se está comiendo nuestras
ganancias". El ahorro cognitivo es sin duda ventajoso, pero tiene un
coste: la gran mayoría de la población solo entiende los conceptos abstractos
como la inflación más que de una forma
muy precaria y parcial.
La metáfora universal
en todos los idiomas son los nombres propios. Al ser los humanos entidades limitadas por una
superficie, el nombre de cada uno es lo que usa el resto del mundo para
describir aquella parte de nosotros que conocen o quieren destacar. Frecuentemente algunos nombres propios ,
suponen un espectacular ahorro conceptual a la humanidad al estar cargados de categorizaciones
muy claras (aunque parciales y sesgadas). Por ejemplo, Adolfo Hitler (el mal), Michelle
Obama y Otelo el Moro (los
celos),Alonso Quijano (la locura), o
Elpidio Jose Silva (la honradez
judicial).
La vida social discurre a través de actuaciones teatrales estandarizadas en las que, todos los días, ocultamos aspectos de nosotros mismos y alardeamos de otros con el fin de manipular
la impresión que producimos a los demás.
El lenguaje está construido sobre
conceptos metafóricos, que nos hacen entender las categorías abstractas en términos
mas simples, pero , a costa de
sobreponderar unos aspectos y ocultar otros. Lamentablemente los actores y las metáforas
tienen muchísima mas fuerza que las ideas abstractas. Por eso nos gustan las
historias cargadas de nombres propios, los titulares periodísticos, los
culebrones , los cuentos y los mitos que nos protegen de la complejidad del
mundo, y nos permiten tener a nuestros
cerebros sub-ocupados en cosas muy por debajo
de lo que nuestra inteligencia nos permite.
La vida es muy inusual, vivir es la cosa más rara del mundo,
una ocurrencia del azar de proporciones
monumentales . La evolución humana es una serie de casualidades y chiripas.
Pero al decimo gobierno de la España democrática
le gustan los mitos y los cuentos y le desazonan los asuntos abstractos y no
entiende que sea el azar el que determina cual es el ADN ganador. El SR. Ministro de Justicia tiene una predilección intelectual notable por
las historietas compactas más que por las verdades desnudas, y un evidente
desagrado por el pensamiento abstracto y el mundo de las ideas. El Sr. Ministro del Interior es un mal
actor, agobiado por la complejidad y la aleatoriedad del mundo y por el caos de
la experiencia humana.
La historia de las sociedades humanas no discurre a través
de pequeñas modificaciones incrementales sino que va de fisura en fisura , avanzando a saltos , de hecatombe en hecatombe. Aunque la mayoría
de nosotros nos pasamos la mayor parte del día ocupados en cosas muy por debajo de lo que nuestra inteligencia nos permite ,
en los últimos 30 años un buen puñado de científicos, al otro lado del atlántico, están acumulando suficiente capital de
conocimiento abstracto como para provocar un salto de dimensiones colosales en la civilización, capaz de mandar al paro a un
ejército de fabricantes de trajes vacios por todo el orbe planetario. Y es que
el futuro ya esta aquí, aunque con dificultades de acceso, tecleando...
Khaneman, ó Taleb, ó Musk, ó Le Doux, ó Damasio, ó Lakoff, ó Bergen, etc. ¡¡God Bless The United States of
America¡¡
domingo, 3 de noviembre de 2013
La ilusion de comprender
La ilusión de comprender
Medido en tiempo evolutivo,
lo más moderno que tenemos los seres
humanos en el cerebro es la capacidad de decidir, a menudo denominada
capacidad de razonar. Frecuentemente, en las sociedades libres de
occidente, en la biografía personal de
cada ciudadano, se presentan no menos de
seis grandes oportunidades sistémicas para decidir.
Luis Bárcenas y José Ignacio Goirigolzarri son dos buenos
ciudadanos occidentales cuyas seis
grandes decisiones vitales reflejan, en su biografía, la presencia de la capacidad
de razonar; decidieron estudiar una
carrera universitaria, decidieron casarse con mujeres, decidieron practican el
catolicismo, decidieron votan a uno de los dos grandes partidos, decidieron
comprarse un piso y decidieron la empresa en la que querían hacer su carrera
profesional.
La mayoría de la gente se pasa la vida intentando ser como
los demás, por eso las decisiones de Luis y José Ignacio, aunque tomadas en la soledad y la soberanía íntima
del neocortex son compartidas por más
del 80% de los ciudadanos españoles. Es frecuente que las grandes decisiones de los individuos sean perfiladas por los mecanismos culturales de coerción
que en forma de amplios consensos
sociales, presionan para arrancar un “si quiero” a cada uno de nosotros, a cambio de la
respetabilidad y la estulticia de ser un miembro de la tribu, como los demás.
Pocos individuos y en pocas circunstancias toman decisiones que se apartan del consenso
social. Decir NO, es una de las
grandes cosas que permiten, a sus ciudadanos, las sociedades occidentales. Rafael Ojeda Rojas y Tomas Gómez, son dos ejemplos, modestos, de individuos que supieron decir NO, a sus jefes, a la mayoría social
que les rodeaba, y sobre todo a lo que de ellos se esperaba. En circunstancias biográficas
similares Miguel Rafael Martos y Esperanza Aguirre siempre dijeron SI, que es lo que de ellos esperaban
los de su tribu, aunque de esta forma hicieron un uso sub-optimo de aquello que,
evolutivamente ,nos hace más humanos, la capacidad de decidir.
La capacidad de decidir
o capacidad de razonar de los humanos, a menudo está fuertemente sesgada
por una parte de nuestra biología mas
anticuada (en términos evolutivos) que reclama resultados inmediatos frente a los deseos y apetitos. De esta manera, es frecuente que tomemos
decisiones en corto, desechando deliberada o inconscientemente el análisis de las consecuencias a largo plazo
de las mismas.
Los humanos tenemos un fuerte deseo de estar en lo cierto y
de tener opiniones correctas, por eso
los contemporáneos suelen juzgar negativamente el decir NO. Para Falete
y Tomas guardamos la incomodidad y
la desazón que nos producen los que
sugieren que nuestras acciones y
opiniones pudieran estar equivocadas,
incomodando el aburrimiento rutinario
de nuestra homeostasis social. Para Esperanza
y Raphael sin embargo tenemos el
cariño que reservamos para los que nos
acompañan y nos entretienen con el propósito compartido de hacer más
superficiales e inanes los años que nos quedan de vida. Por eso es más valioso decidir No que decidir SI, ya
que al decir No rompemos las expectativas y las proyecciones que los que nos
rodean tienen sobre nosotros (y sobre ellos mismos).
El cerebro nos manipula a través de castigos y recompensas, aunque
con una ligera cantidad mayor de
recompensas, cuyo objetivo la supervivencia de la carne en un estado de suave
bienestar. La naturaleza nos ha hecho que
prefiramos un flujo constante de recompensas
frecuentes, y esto también influye en como tomamos decisiones. El proceso de toma de decisiones comienza con una
“simulación” del resultado de escoger una u otra opción. Esto es lo que Antonio Damasio denomina “estados como si”. Algunos individuos,
son capaces con la ayuda de la simulación “como si” de lograr una cosa
extraordinaria, que es confundir al cerebro más primitivo (el que exige
recompensas inmediatas) dándole el cambiazo con con recompensas aplazadas en el tiempo, no
inmediatas.
Forzar al cerebro con una decisión placentera a futuro,
comúnmente lleva aparejado un
sufrimiento en el presente, y no es frecuente ni suele gozar de apoyos sociales
en ninguna cultura. El proceso de decisión
conlleva una simulación en imágenes dentro del cerebro de las
consecuencias de ambas conductas y consume una enorme cantidad de energía
cerebral (atención), en un órgano (el
cerebro) que siempre está tratando de ahorrar energía cognitiva.
Uno de los objetivos centrales del cerebro es mantener un
elevado concepto de nuestra identidad personal. Por eso, “el logro aplazado”, los procesos
en los que se cambia sufrimiento presente por placer futuro, son relativamente frecuentes en aquellos individuos o grupos de individuos
con identidades, vividas subjetivamente bajo amenaza. La producción recurrente de decisiones atípicas, que cambian sufrimiento presente por placer futuro produce individuos con un sobre rendimiento para la sociedad en la que viven. Una gran
parte de los artistas, los científicos y los héroes anónimos de las sociedades
occidentales tiene este origen.
Al contrario no es muy probable encontrar es te tipo de
individuos y decisiones entre los buenos ciudadanos, que como Luis Bárcenas o José Ignacio Goirigolzarri, toman sus
grandes decisiones sistémicas (para ellos) al amparo de los consensos
sociales del momento, y que por más que los titulares de prensa se empeñen en
lo contrario, contribuyen a hacer más superficiales, rutinarios e inanes los años que nos quedan de vida.
Fernando Alvarez-Baron Rodríguez
lunes, 10 de junio de 2013
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