domingo, 29 de diciembre de 2013

Que treinta años no es nada...

Que treinta años no es nada...

Los individuos del género homo sapiens nos pasamos la mayor parte del día ocupados  en cosas muy por debajo  de lo que nuestra inteligencia nos permite. Esta sub-utilización de nuestras capacidades intelectuales  es probablemente la explicación última  de las más notorias iniciativas del  Sr. Ministro de Justicia y del Sr. Ministro del Interior del decimo  gobierno de la España democrática.
Indudablemente el cerebro humano en un órgano avaricioso, que se pasa toda la existencia tratando de ahorrar energía cognitiva y realizando sus tareas con el mínimo esfuerzo. Esta pereza estructural podría ser la explicación última, por la que los españoles de derecha  llevan más de 30 años prisioneros del PP y los españoles de izquierda  prisioneros del PSOE. La consecuencia de esto, es que, si un votante está descontento con los suyos, no le queda más remedio, que aguantarse, o dejar que ganen los otros.
Por otra parte, la vida cotidiana de los adultos se sustancia día a día en sucesivas representaciones teatrales  dedicadas a dar apariencias e impresiones de verosimilitud  a los diferentes roles que nos toca representar en la vida social. Una vez aprendidos los roles y las máscaras expresivas a usar durante la infancia y la adolescencia, la edad adulta se caracteriza por la capacidad de representar actuaciones convincentes ante la sociedad. La vida como actores es muy barata en términos cognitivos y coadyuva  a la cotidiana sub-utilización de nuestras capacidades intelectuales. Un ejemplo muy popular de  eficiente ahorrador cognitivo y  actor convincente lo tuvimos en  Felipe González.
El lenguaje es el medio general  de influencia reciproca entre los humanos. Pero igual que el cerebro es avaro y su herramienta de ahorro esencial es la metáfora. La esencia de la metáfora es entender una cosa en términos de otra. El ahorro es conceptual, y se produce porque entendemos las palabras más intelectuales , como por ejemplo la inflación en términos de conceptos más  simples  y humanoides. Y, así ,decimos ;"la inflación se está comiendo nuestras ganancias". El ahorro cognitivo es sin duda ventajoso, pero tiene un coste: la gran mayoría de la población solo entiende los conceptos abstractos como la inflación más que de  una forma muy precaria y parcial.
La metáfora universal  en todos los idiomas son los nombres propios.  Al ser los humanos entidades limitadas por una superficie, el nombre de cada uno es lo que usa el resto del mundo para describir aquella parte de nosotros que conocen o quieren destacar.  Frecuentemente algunos nombres propios , suponen un espectacular ahorro conceptual a la humanidad al estar cargados de categorizaciones muy claras (aunque parciales y sesgadas). Por ejemplo, Adolfo Hitler (el mal), Michelle Obama y Otelo el Moro (los celos),Alonso Quijano (la locura), o Elpidio Jose Silva (la honradez judicial).
La vida social discurre a través de actuaciones teatrales  estandarizadas en las que, todos los días,  ocultamos aspectos de nosotros mismos y  alardeamos de otros con el fin de manipular la impresión  que producimos a los demás. El lenguaje  está construido sobre conceptos metafóricos, que nos hacen entender las categorías abstractas en términos mas simples, pero ,   a costa de sobreponderar unos aspectos y ocultar otros. Lamentablemente los actores y las metáforas tienen muchísima mas fuerza que las ideas abstractas. Por eso nos gustan las historias cargadas de nombres propios, los titulares periodísticos, los culebrones , los cuentos y los mitos que nos protegen de la complejidad del mundo, y nos permiten  tener a nuestros cerebros sub-ocupados en cosas muy por debajo  de lo que nuestra inteligencia nos permite.
La vida es muy inusual, vivir es la cosa más rara del mundo, una ocurrencia  del azar de proporciones monumentales . La evolución humana es una serie de casualidades y chiripas. Pero  al decimo gobierno de la España democrática le gustan los mitos y los cuentos y le desazonan los asuntos abstractos y no entiende que sea el azar el que determina cual es el ADN ganador. El SR. Ministro de Justicia  tiene una predilección intelectual notable por las historietas compactas más que por las verdades desnudas, y un evidente desagrado por el pensamiento abstracto y el mundo de las ideas. El Sr. Ministro del Interior es un mal actor, agobiado por la complejidad y la aleatoriedad del mundo y por el caos de la experiencia humana.

La historia de las sociedades humanas no discurre a través de pequeñas modificaciones incrementales sino que va  de fisura en fisura , avanzando a saltos ,  de hecatombe en hecatombe. Aunque la mayoría de nosotros nos pasamos la mayor parte del día ocupados  en cosas muy por debajo  de lo que nuestra inteligencia nos permite , en los últimos 30 años un buen puñado de científicos, al otro lado del atlántico,   están acumulando suficiente capital de conocimiento abstracto  como para provocar  un salto de dimensiones colosales en la  civilización, capaz de mandar al paro a un ejército de fabricantes de trajes vacios por todo el orbe planetario. Y es que el futuro ya esta aquí, aunque con dificultades de acceso, tecleando... Khaneman, ó Taleb, ó Musk, ó Le Doux, ó Damasio, ó Lakoff, ó Bergen, etc. ¡¡God Bless The United States of America¡¡

domingo, 3 de noviembre de 2013

La ilusion de comprender

La ilusión de comprender
Medido en  tiempo evolutivo,  lo más moderno que tenemos los seres humanos en el cerebro es la capacidad de decidir, a menudo  denominada  capacidad de razonar. Frecuentemente, en las sociedades libres de occidente,  en la biografía personal de cada ciudadano,  se presentan no menos de seis grandes oportunidades sistémicas para decidir.
Luis Bárcenas y José Ignacio Goirigolzarri son dos buenos ciudadanos occidentales  cuyas seis grandes decisiones vitales  reflejan,  en su biografía, la presencia de la capacidad de razonar; decidieron estudiar  una carrera universitaria, decidieron casarse con mujeres, decidieron practican el catolicismo, decidieron votan a uno de los dos grandes partidos, decidieron comprarse un piso y decidieron la empresa en la que querían hacer su carrera profesional.
La mayoría de la gente se pasa la vida intentando ser como los demás, por eso las decisiones de Luis y José Ignacio,  aunque tomadas en la soledad y la soberanía íntima del neocortex son  compartidas por más del 80% de los ciudadanos españoles. Es frecuente que las  grandes decisiones de los individuos sean  perfiladas por los mecanismos culturales de coerción que en forma de amplios consensos  sociales, presionan   para arrancar un “si quiero”  a cada uno de nosotros, a cambio de la respetabilidad y la estulticia de ser un miembro de la tribu, como los demás.
Pocos individuos y en pocas circunstancias  toman decisiones que se apartan del consenso social. Decir NO, es una de las grandes cosas que permiten, a sus ciudadanos,  las sociedades occidentales. Rafael Ojeda Rojas  y Tomas Gómez, son dos ejemplos, modestos,  de individuos que supieron decir NO, a sus jefes, a la mayoría social que les rodeaba, y sobre todo a lo que de ellos se esperaba. En circunstancias biográficas similares Miguel Rafael Martos y Esperanza Aguirre siempre dijeron SI, que es lo que de ellos esperaban los de su tribu, aunque de esta forma hicieron un uso sub-optimo de aquello que, evolutivamente ,nos hace más humanos, la capacidad de decidir.
La capacidad de decidir  o capacidad de razonar de los humanos, a menudo está fuertemente sesgada por una  parte de nuestra biología mas anticuada (en términos evolutivos)  que reclama  resultados inmediatos frente   a los deseos y  apetitos. De esta manera, es frecuente que tomemos decisiones en corto, desechando deliberada o inconscientemente  el análisis de las consecuencias a largo plazo de las mismas.
Los humanos tenemos un fuerte deseo de estar en lo cierto y de tener opiniones correctas,  por eso los contemporáneos  suelen juzgar  negativamente el decir NO. Para  Falete y Tomas guardamos la incomodidad y la desazón que nos producen los  que sugieren  que nuestras acciones y opiniones pudieran estar equivocadas,  incomodando el aburrimiento rutinario  de nuestra homeostasis social. Para Esperanza y Raphael sin embargo tenemos el cariño que reservamos para los que  nos acompañan y  nos entretienen  con el propósito compartido de hacer más superficiales e inanes los años que nos quedan de vida. Por eso  es más valioso decidir No que decidir SI, ya que al decir No rompemos las expectativas y las proyecciones que los que nos rodean tienen sobre nosotros (y sobre ellos mismos).
El cerebro  nos manipula  a través de castigos y recompensas, aunque con una  ligera cantidad mayor de recompensas, cuyo objetivo la supervivencia de la carne en un estado de suave bienestar. La naturaleza nos ha hecho  que prefiramos un flujo constante de recompensas  frecuentes, y esto también influye en como tomamos decisiones. El  proceso de toma de decisiones comienza con una “simulación” del resultado de escoger una u otra opción. Esto es lo que Antonio Damasio denomina “estados como si”. Algunos individuos, son capaces con la ayuda de la simulación “como si” de lograr una cosa extraordinaria, que es confundir al cerebro más primitivo (el que exige recompensas inmediatas) dándole el cambiazo con  con recompensas aplazadas en el tiempo, no inmediatas.
Forzar al cerebro con una decisión placentera a futuro, comúnmente lleva aparejado  un sufrimiento en el presente, y no es frecuente ni suele gozar de apoyos sociales en ninguna cultura. El proceso de decisión  conlleva una simulación en imágenes dentro del cerebro de las consecuencias de ambas conductas y consume una enorme cantidad de energía cerebral (atención),  en un órgano (el cerebro) que siempre está tratando de ahorrar energía cognitiva.
Uno de los objetivos centrales del cerebro es mantener un elevado concepto de nuestra identidad personal. Por eso, “el logro aplazado”, los procesos  en los que se cambia sufrimiento presente por placer futuro, son  relativamente frecuentes en  aquellos individuos o grupos de individuos con identidades, vividas subjetivamente bajo amenaza.  La producción recurrente  de decisiones atípicas, que cambian  sufrimiento presente por placer futuro  produce individuos con un sobre rendimiento  para la sociedad en la que viven. Una gran parte de los artistas, los científicos y los héroes anónimos de las sociedades occidentales tiene este origen.
Al contrario no es muy probable encontrar es te tipo de individuos y decisiones entre los buenos ciudadanos, que como Luis Bárcenas o José Ignacio Goirigolzarri,  toman sus  grandes decisiones sistémicas (para ellos) al amparo de los consensos sociales del momento, y que por más que los titulares de prensa se empeñen en lo contrario, contribuyen a hacer más superficiales, rutinarios  e inanes los años que nos quedan de vida.



Fernando Alvarez-Baron  Rodríguez