Parece que la conciencia de uno mismo, el Yo, apareció en un momento evolutivo ,
en que la representación de la realidad que hace el cerebro se volvió tan
compleja, que necesitó crear un ancla o un
modelo de sí misma desde el que realizar suposiciones y simulaciones ( Richard Dawkins). La conciencia
individual es el testigo que recopila lo
que hacemos, lo que nos gusta y quienes nos gustan.
Igual que otros animales sociales como las hormigas o las
termitas, los seres humanos dependen
para su supervivencia de la organización social. Los súper-organismos requieren
para su funcionamiento que los componentes tengan una identidad y actúen de
acuerdo a ella, lo que permite el reparto de las tareas y de los beneficios de la existencia en
común. Entre los insectos sociales las
identidades de reina, obrera o soldado son las esenciales. Entre los humanos,
el sexo, la edad, la raza y la religión determinan lo que la organización
espera de cada uno de los individuos.
La aparición de la conciencia, ha traído efectos
secundarios, tal vez exclusivos de la organización social de los seres humanos.
A diferencia de las hormigas y de las termitas, la conciencia indivual de cada
ser humano, que se oculta bajo la máscara de nuestra identidad social, es, y ha
sido , una fuente permanente de tensiones,
angustias y amarguras para muchos individuos, y sin embargo, un
catalizador de la evolución y progreso de
la humanidad.
La Europa que siguió
al Congreso de Viena en 1815, con la
caída del antiguo régimen y la
industrialización y modernización
generalizadas, supuso un periodo de tensiones identitarias sin parangón
para los
europeos de religión judía. A lo largo de décadas de extenuante lucha, los judíos
europeos alcanzaron la igualdad de
derechos en las sociedades de acogida.
Las sucesivas victorias políticas estuvieron
acompañadas de renovados ataques a la identidad
judía como el movimiento Hep Hep en Alemania en 1819, el
secuestro del niño italiano Edgardo Mortara en 1858, o los pogromos en Rusia desatados
a partir de 1881, que provocaron oleadas de conversiones al cristianismo y
oleadas de emigración a América.
La participación de los judíos en los movimientos
modernizadores europeos como la masonería, las organizaciones sindicales, los
partidos liberales, los socialistas o los comunistas fue masiva y entusiasta. Estas organizaciones fueron los instrumentos
privilegiados para la integración social de los judíos en los modernos estados nacionales
europeos. Por esta vía, los judíos
europeos se convirtieron, recién adquirida la igualdad, en los agentes
modernizadores de sus sociedades de
acogida.
Un grupo de brillantísimos líderes políticos, nietos e hijos
de los guetos judíos de Europa Central, Karl
Liebknecht , Rosa Luxemburgo, Leo Jogiches, Paul Levi,
Ernst Meyer, fundaron en Berlín en 1911 la Liga Espartaquista y posteriormente el Partido
Comunista Alemán, sobre la base de las ideas universales de anti
militarismo y anti nacionalismo. Este grupo de modernizadores del pensamiento
universal es uno de innumerables ejemplos de la extraordinaria explosión de
creatividad judía que supuso para Europa la asimilación de los judíos como
ciudadanos de pleno derecho.
El neurólogo Antonio
Damasio, define la voluntad como un mecanismo de la mente que nos permite
elegir acciones cuyas consecuencias inmediatas son negativas, pero que generan
resultados futuros positivos. Son los mecanismos COMO SI, de los que se vale la
mente para formular hipótesis y simulaciones. El sociólogo Víctor Karady identifica entre los judíos asimilados europeos fuertes mecanismos compensatorios y facilidad
para desarrollar del logro aplazado, que condujeron a grandes éxitos colectivos reflejados en la
sobre-representación de los judíos en sectores clave. Entre otros innumerables
ejemplos, en 1929 el 42% de los
empresarios industriales polacos eran judíos, o
en 1936 el 75% de los médicos vieneses eran judíos. Nassim Taleb afirma que las personas que más nos benefician, no son
las que más nos han intentado ayudarnos,
sino las que más han intentado
perjudicarnos en vano. El odio y la amenaza identitaria espolean (siempre?) nuestra voluntad y nuestro logro aplazado, y cambiamos
penurias presentes por triunfos futuros.
Judith Rich Harris,
en su obra “No hay dos iguales”, propone la hipótesis de que el cerebro no es
unitario, sino que se compone de diferentes módulos funcionales que persiguen finalidades
contradictorias. Por un lado está
el sistema
de socialización que intenta que seamos como los demás y que opera a nivel
inconsciente. Por otro lado está el
sistema de estatus del que somos
plenamente conscientes y cuya finalidad es competir con los demás e intentar
ser mejor que el resto. Pareciera que existe un mecanismo en la especie humana que buscara
sistemáticamente producir diversidad, y que fuera el referido modulo de
estatus. Unos pocos individuos son capaces de fabricar sistemas de estatus heroicos que les hace trascender sus condicionantes de sexo, edad y religión.
Rosa Luxemburgo es sin duda un gran ejemplo histórico para los
defensores del cerebro como un ecosistema, en el que distintos módulos pugnan
por apropiarse de nuestra conducta final.
El modulo de estatus construido
por sus genes, elevo a una mujer, coja, judía y poco agraciada al Olimpo de la
izquierda política, siendo hoy reconocida como una de las grandes
revolucionarias del siglo XX. Aunque
ella siempre actuó en política renegando de su identidad judía, su modulo de
estatus oportunista, como todos, parece no
tuvo otra ocurrencia que hacer una copia descarada del de Moisés,
convertirse como él en legisladora, haciendo del proletariado su particular
pueblo de Israel y del anti belicismo y anti nacionalismo sus tablas de la ley.
El ultimo prejuicio científico que separaba a Rosa
Luxemburgo y a Moises, la existencia de un cerebro masculino diferente al cerebro femenino, ha caído por los suelos.
Desde una institución científica levantada por descendientes del Holocausto,
la investigadora, Daphna Joel de la Universidad de Tel Aviv ha dirigido un amplísimo estudio, con
participación de universidades de
Alemania y Suiza, donde se descarta que haya un cerebro masculino y otro
femenino, y propone que, el cerebro de todos nosotros los humanos, es un
mosaico tanto de elementos masculinos
como femeninos.
Judith Rich Harris
propone la existencia de un mecanismo evolutivo, en el cerebro humano que busca
la diversidad, y que ha sido bendecido por la selección natural. Lo que no parece creíble es que este mecanismo
este repartido regularmente entre todos los seres humanos, sino más bien, entre
unos pocos, los suficientes para llegar la humanidad, hasta donde ha llegado.
Es notable el paralelismo conceptual entre el modulo de estatus de Judith Rich y el
pensamiento mas judío, minoritario y hermoso, que se pudo permitir Rosa
Luxemburgo; la libertad es siempre la libertad de los disidentes.
Fernando Álvarez Barón,
8 marzo 2016

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